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310/365 – Veleros rumbo a Barcelona


Hoy hemos vuelto al agua; somos unos lobos de mar.

La jornada ha empezado con lluvias torrenciales y confiando en que el tiempo nos diese una tregua. Pero nada más lejos de la realidad.

Caía agua como si no lo hubiese hecho nunca. Eso era el diluvio universal y, mientras desayunábamos, pensábamos que se suspendería. Pero ha pasado como ayer: aviso en el walkie y todos a la mar. Esta vez hemos salido (con algún problema técnico) todo el grupo en la misma lancha (incautada por la guardia civil a unos narcos y que estuvo a puntito de dejarnos tirados mar adentro un par de veces) rumbo a la baliza de Barlovento. Allí también hemos visto a Noé con su arca.

Si las condiciones de ayer no eran nada buenas, por las olas, las de hoy no lo han sido tampoco. No ha parado de llover y para hacer fotos no es nada agradable. Con un chispeo no pasa nada, pero cuando llueve de forma torrencial…

Además, esperando en la baliza a que se acercasen los Europa, y de una conversación en catalán, solo he entendido: “hay que tener cuidado con la tormenta eléctrica que se acerca“. Hemos decido ir rumbo Foxtrot, la zona más alejada del puerto de Barcelona, a hacer más fotos, cuando el temporal se ha enfurecido y hemos empezado a escuchar llamadas de socorro por el walkie. Cuando hemos oído que se acercaba un helicóptero de rescate a por un velero y hemos visto unos cuantos volcados, nos hemos dado cuenta que era hora de volver a tierra firme.

[No tenía ni idea que las zonas de regata se enumeraban por el Alfabeto radiofónico (Alfa, Bravo, Charlie, Delta, Echo y Foxtrot). También me miraron mal cuando dije que hacía mucho aire; lo que hacía es mucho viento.]

Como teníamos la mochila de ropa (habíamos dejado el hotel ya), hemos podido secarnos y cambiarnos de ropa. Aún así, hemos vuelto a comer en la pizzería y usar su baño calentado por un horno.

Hemos ido a tomar un café y nos hemos despedido de todos. Como ha dicho Guille: “Con esta situaciones límite, somos más que amigos; casi hermanos“.

El viaje de vuelta ha sido tranquilo, con varios cambios de piloto de zeppelín porque entre cansancio y agujetas, veníamos doblados.

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